• Leo Tulleres

A mí no me lo contaron; yo estuve ahí

Por ahí por el año 1993 yo tenía 6 años. Vivía en Belloto Norte en ese tiempo, y a veces, cuando tomábamos el colectivo para la casa, éste se iba por el Camino Industrial. Fue ahí donde, siendo todavía súper chica, ví al menos unas 5 veces llegar camiones con cerditos, caballos, y vacas. "¿Qué hay ahí?" le pregunté a mi mamá. "Ese es el matadero, ahí matan a los animalitos para que los comamos"; mi mamá se caracterizaba por decir las verdades sin tapujos (cuando quería decir la verdad respecto a algo) Menos mal que ese día me dijo eso.


Desde muy pequeña cuestioné la forma en que tratamos a los demás animales. Y desde que supe de la existencia de ese matadero que sueño con cerrarlo. Grande sería mi alivio al recibir el mensaje de la Vero, compa de Australia, para abrir un capítulo de, en ese tiempo, The Save Movement, un movimiento pacífico abolicionista y vegano, cuyxs miembros se parapetaban a las afueras de los mataderos a darles agua y amor a los animales antes de sufrir el brutal asesinato en nombre de la industria. Durante las primeras vigilias era todo relativamente tranquilo. Los choferes y matarifes conversaban con nosotrxs, y nos contaban detalles escabrosos de lo que significa comer carne. "Hay hembras que llegan preñadas, y les sacamos el feto. A veces llegan ya de término, con una guagüita muy bien formada. Eso no se lo doy a nadie. El tener que ver eso todos los días..." "A las cerdas las tiran pal matadero cuando ya no paren 10 cerdos en una camada. Ahí ya no sirven. Se descartan. Llegan todas moretiás y con cicratices porque les pegan en los criaderos, las tratan súper mal. Muchas mueren en el camino incluso" "Los cerditos cumplen 150 días y los mandan a matanza. Se les corta cuello con el corazón palpitando para que se desangren, colgados de una pata trasera" A mí no solamente me lo contaron, yo lo ví. Ví a los cerditos perder el alma gritando, mientras se desangraban en una horrible agonía. Ví a las cerdas moreteadas, con cicatrices, con prolapso de tanto parir. Escuché los gritos desesperados de cientos de cerditos y sus madres pidiendo piedad. Pidiendo salir. Pidiendo vivir...


Después de al menos 2 años yendo a dar agua, cantar mantras, y despedir a los cerditos, las vigilias se tornaron extrañas. No llegaban camiones. Al menos no con cerditos. Luego de unos meses, le pregunté al gerente del matadero qué pasaba. "Cerramos contrato con los criaderos de cerdos", me dijo, sin querer darme las razones de esa sabia decisión.


No fue si no hasta encontrarme en la calle con una persona que trabajaba en ese horrible lugar que me enteré de la verdad. "No trajeron más cerdos porque ustedes cada vez eran más, tomaban más fotos, grababan más cosas. Cosas que son feas. Para evitar dramas, no trajeron más cerdos"


Y a mí no me lo contaron. Yo estaba ahí. Estuve ahí cuando logramos liberar a los cerditos. Estuve ahí cuando le ganamos a un representante de la industria cárnica. Y agradezco haber estado. Agradezco haber tenido la fuerza y la determinación de seguir parando los camiones, a pesar de recibir baldes con sangre, camotes de tierra, agua de la manguera, y gritos e insultos. Agradezco seguir yendo, porque ahora falta la otra parte de la historia; liberar a las vacas y los caballos del matadero "Don Pedro"


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